14May

Día Internacional de La Erradicación del Trabajo Infantil

¿De qué hora a qué hora trabajas? —pregunta la periodista. Desde las seis de la mañana—responde él. ¿Hasta qué hora? —le dice. Hasta las doce de la noche—contesta. ¿Y tu mamá en este momento dónde está? —insiste. Está ahí vendiendo igualito esto—responde mirando hacia la otra vereda.

“Roberto” fue el nombre falso que el reportaje le dio para proteger su identidad. Pero él es un niño con una historia verdadera y muy común. Con una caja de trufas en mano en las calles de Lima, “Roberto” representa los más de 1 millón de infancias que son acaparadas por el trabajo en nuestro país.

El 2019, el Ministerio del Trabajo expuso su responsabilidad de velar por la séptima meta de “Trabajo Decente y Crecimiento Económico”. La cual, pertenece a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y en el cual especifica: “Adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de personas y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados”.

En ese marco, el mismo año se aprobó el III Plan Nacional para la Lucha contra el Trabajo Forzoso. En el portal del Gobierno del Perú, este cuenta con cinco ejes estratégicos. La prevención, la detección de casos de explotación infantil, la atención y sanación, la reintegración y la gestión institucional.

Mientras el Ministerio del Trabajo afirmó que estas acciones articuladas mejorarían la respuesta del Estado, diarios como El Comercio nos informa que hay 6 mil menores en Tambo Grande, Piura que dejaron de lado sus estudios para laborar. Y El Correo advierte que el Perú tiene la tasa más alta de trabajo infantil en Sudamérica. ¿Se puede hablar realmente de la eficiencia de este plan?

Poco o nada se sabe de sus avances. No obstante, a la batalla ya se le añadieron nuevos obstáculos. En el reporte “COVID-19, and child labor: a time of crisis, a time time to act” de Unicef, informan que la pandemia resultaría en un aumento del trabajo infantil. Este puede llegar a ascender a 0.7% o más si la pobreza sube 1 punto porcentual.

La organización tiene en cuenta la relación entre trabajo infantil y pobreza. Ya que los hogares de bajos recursos emplean todas las medidas posibles en épocas de crisis. Incluyendo el trabajo de los menores de la casa. La psicóloga Andrea Reyes Robles manifestó para El Correo que los progenitores repiten el mismo patrón de crianza que tuvieron. Lo cual hace que incentiven la labor de sus hijos.

En diversos artículos sobre el trabajo infantil en la web, encontramos consejos dirigido a padres. “Los niños no deberían trabajar en la calle, el campo o el hogar”. Si, definitivamente. Otras como “pregúnteles a sus hijos cuáles son sus sueños”. ¿De cual sueño se puede hablar si algo tan básico como la alimentación es lo que hace falta?

Hay que tener en cuenta que no es solo un asunto de comportamiento paterno. “Roberto” y muchos otros niños salen a vender a las calles porque esa es su única manera de subsistir. Pensar que es una actividad que solo se transmite de generación en generación es concebirlo de manera muy reducida.

Mientras se aprueban decretos de 62 páginas del cual sus avances escuchamos muy poco. Y sobre la lucha contra la explotación a menores se expresan redundancias como “las medidas se están fortaleciendo”, el avance será limitado.

Las problemáticas como estas son indicativos del desempeño del gobierno. El trabajo infantil es un asunto sociocultural. Pero también muestra la resistencia de pasar hambre. Y es una demanda que debe ser escuchada. No hay protesta callejera más grande sobre la pobreza que un niño en las calles trabajando de 6 de la mañana a 12 de la noche.

Fuentes:

 

 

 

 

 

 

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