07Abr

DÍA MUNDIAL DE LA SALUD

“La felicidad es la más alta forma de salud”

Esta es la frase que un líder del budismo tibetano acuñó alguna vez, y la cual, no ha quedado desfasada en el tiempo. Todo lo contrario, la certeza de que la alegría no existe sin que la salud nos acompañe está más presente en la actualidad y especialmente en esta fecha. 

Un día como hoy, hace 73 años atrás se creó la Organización Mundial de la Salud (OMS) en base al fundamento de que todos deberíamos poder ejercer nuestro derecho a una bienestar físico y mental óptimo. Y junto con este, cada 7 de abril se celebra el Día Internacional de la Salud. 

En el Perú, este día se ha conmemorado con caminatas a favor de la actividad física, discursos por parte de los representantes de la Organización Panamericana de la Salud, así también como homenajes al personal de hospitales y clínicas. No obstante, la búsqueda del bienestar no acaba en este día, la lucha contra las enfermedades es constante y el Estado juega un rol fundamental.

El gobierno tiene el deber de otorgar altos niveles de bienestar para las futuras generaciones. Y esta es la aspiración de muchas personas que no desean ver la vida de sus hijos obstaculizada por una afección grave. Sin embargo, el reparto desigual de los servicios, la insuficiencia en equipamiento médico y todas las carencias existentes para enfrentar el COVID-19 refuerzan los sentimientos de desesperanza con el sistema de salud. 

La salud en nuestro país sigue siendo una agenda pendiente. Y en la actual pandemia la incertidumbre y el miedo incrementan. No obstante, el miedo impulsa a la lucha. Y podemos convertir ese temor en la batalla contra las deficiencias que hacen parecer a la salud inalcanzable. 

Recordemos a Daniel Alcides Carrión, reflejo de la lucha por el bienestar de sus compatriotas. En 1885, él buscaba la solución para la Verruga Peruana, por lo cual decidió inyectarse la bacteria y así describir el desarrollo de esta.  El entonces estudiante de medicina no sobrevivió, pero su investigación auto experimental ayudó a mostrar que la Verruga Peruana y la Fiebre de la Oroya eran el mismo padecimiento.

La Verruga lo debilitó poco a poco hasta que terminó con su vida, pero lo que se mantuvo firme en el recorrido fue su convicción de que el ser humano puede ser más fuerte que la enfermedad misma.

Y aquella es la misma convicción que necesitamos hoy en día. Tenemos una pandemia que desalienta. No obstante, también tenemos la capacidad de vencer si convertimos los sentimientos negativos en batalla. Cada uno de nosotros puede contribuir con acciones en nuestros distritos, en nuestros hogares o hasta en las redes sociales para recordar que enfrentar esta epidemia consta de responsabilidad y esmero. Hoy más que nunca, la esperanza por un futuro mejor, no solo se sueña, sino también se crea.

 

Por: Lucía Castillo Mego

 

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