05May

El encierro de un escritor, alivia el nuestro

Conoce a tres grandes escritores que llevaron un aislamiento voluntario.

  • Emily Dickinson, Considerada como una de las mejores poetisas de la literatura norteamericana del siglo XIX. Dickinson, vivía en la casa de sus padres, sin prácticamente tener interacción con el exterior (al funeral de su padre asistió sin salir de su propia habitación) y los visitantes tenían que hablarle a través de la puerta. En los últimos 15 años de su vida, nadie en el pueblo en el que vivía llegó realmente a verla y Dickinson vivía en su habitación, escribiendo sus poemas.

“Si puedo evitar que un corazón se rompa, no habré vivido en vano.”o en vano.”

  • Marcel Proust, novelista, ensayista y crítico francés cuya obra “En busca del tiempo perdido” es considerada una de las más destacadas e influyentes de la literatura del siglo XX. Proust no siempre fue un recluso. Su vida social fue en el principio de hecho realmente agitada y completa. Pero cuando empezó a escribir En busca del tiempo perdido y después de la muerte de su madre, Proust también se encerró en su habitación. Recubrió las paredes con corcho para que no le molestasen, se alimentó con café y croissants que le llevaba la fiel Celeste, su ama de llaves, y se lanzó a escribir metido en cama. Salía de cuando en cuando a cenar y a ver la sociedad sobre la que escribía. Teniendo en cuenta que tenía una salud de lo más precaria, se puede entender su encierro.

“En busca del tiempo perdido” es una de las más geniales creaciones literarias del siglo XX. Verdadera suma novelesca de la sociedad francesa anterior a la Primera guerra mundial. El propósito en que se inspira es preservar de la desaparición y el olvido las experiencias y recuerdos del pasado, aniquilados por el tiempo pero conservados en el fondo de la memoria insconsciente del narrador.

  • J.D. Salinger, uno de los autores más enigmáticos de la historia de la literatura. Salinger se hizo super famoso con El guardián entre el centeno y decidió que aquello no era para él. Se retiró a un pequeño pueblo en medio del campo, rompió relaciones con el medio literario, no publicó más y se mantuvo alejado de los medios de comunicación. Y todo eso hizo que el interés por Salinger creciera y creciera.

Los extremos son siempre arriesgados y normalmente funestos y los peligros de cualquier contacto prolongado con la buena poesía es formidable.

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