23Jul

PROCLAMADO, EN LA MIRA

Después de tantas vueltas al asunto, por fin ya tenemos presidente del Bicentenario.

Y ahora a estar atentos. Estaremos vigilantes.

PROCLAMADO.- El 19 de julio de 2021 a las 7:35pm Pedro Castillo Terrones es proclamado por la JNE como presidente del Perú. Fuente: Andina         

   Redactora: Marisela M. Rivera Medina 

 

Y es que 200 años después de ser liberados del yugo español; y con gobiernos en subidas y bajadas en aspectos democráticos. Tenemos a un nuevo presidente que se hará cargo de nuestro Perú por los cinco años siguientes.

El 2021, es un año importante no solo por la memoria en temas de identidad y patriotismo que se ven sintetizados en la conmemoración del Bicentenario de nuestro país, sino también por el escenario sanitario, económico y político en el cual estamos inmersos.

La crisis por la pandemia de la Covid 19 ha dejado relucir todos los problemas estructurales y sociales que el Perú venía acarreando desde hace años. El hambre, los precarios servicios de salud, el desempleo, la deserción escolar, son algunas de esas complicaciones en la que muchos peruanos se han visto afectados por algo que no veían venir.

Un virus que no hizo distinción alguna de poder adquisitivo o de nivel educativo. Simplemente, todos fuimos reducidos a lo esencial: ser seres humanos. Y la delgada línea de encontrarse con la muerte, es la ruleta rusa, a la que hasta ahora, nos enfrentamos día a día, de toparnos con el letal virus.

En ese contexto, muchos pensamos que después de las elecciones de segunda vuelta, todo lío político iba a terminar enterrado, y que se empezaría a pensar en cómo abarcar las necesidades del Perú, en cuanto a salud, educación y empleo (siendo los más urgentes). Sin embargo, no fue así. Después de ese 6 de junio, empezó la verdadera crisis política.

Tensión en las calles

El país se encuentra fragmentado. Polarizado, por ideologías de izquierda o derecha, hasta incluso se desliga la idea de la partición de las mismas como: izquierda extrema o ultra derecha.

Las etiquetas en política abundan. Sino piensas como uno de ellos (en el lado que te encuentres) te llaman tibio; o si apuestas por uno de ellos: eres comunista/terrorista o facho/ golpista.

Desde el punto de vista que se le vea, estas denominaciones lo único que generan es ahondar, mucho más, la división en el Perú. Como en algún momento lo fueron los Pizarristas y Almagristas, que se vieron representados en la actualidad por los seguidores de Pedro Castillo y Keiko Fujimori en las manifestaciones post elecciones de segunda vuelta.

Cerrón, su partido y la oposición

A diferencia de esos tiempos de conquista, los que ostentaban el poder no tenían en las espaldas cuentas que saldar ante la justicia, ya sea por ellos mismos (como en el caso de la señora Fujimori) o por gente de su círculo más cercano (Cerrón, secretario fundador del partido PL).

Y es que esta segunda vuelta fue muy particular ya que ambos partidos finalistas, que se disputaban el sillón de Pizarro, tenían investigaciones o sentencias por corrupción. Lo cual sumaba, una raya más al tigre a la crisis que ya tiene el país. Un bicentenario, único en su género, pero el cual marcará un precedente en la historia.

Nuestro proclamado presidente Pedro Castillo no es claro con la población en términos de su deslinde con Vladimir Cerrón; quien, valgan verdades, ha sido una piedra en el zapato para el ahora actual Presidente de la República del Bicentenario.

La oposición ha buscado de alguna forma, mellar la credibilidad del partido por el cual postuló, ya que este señor Vladimir Cerrón, secretario y líder del partido Perú Libre ha sido sentenciado por corrupción a raíz del delito de negociación incompatible y aprovechamiento del cargo en agravio del Estado, tras haber favorecido de manera directa la ampliación del plazo de ejecución de una obra pública en la Oroya durante su primer mandato, frente del Gobierno Regional de Junín.

Además, de ser el redactor del plan de gobierno de su partido, donde no se muestra de acuerdo con la “economía social de mercado”. Modelo, por el cual, el Perú se ha manejado en estos casi últimos 31 años. Ya que lo considera como un referente egoísta que enriquece a las empresas extranjeras y privadas del Perú, y no piensa en el pueblo. En lo que ellos necesitan.

Por su parte, el ideario muestra un perfil de un gobierno que se centra y preocupa más por la población, pero a la vez, deja el sinsabor de la ruta que tomarán para lograr esa distribución más equitativa de las riquezas. Ya que la estatización, la nacionalización de las empresas y de los recursos naturales (como los del rubro de la minería) están en agenda en la posible ejecución del plan de gobierno, según el líder del partido.

Esta visión del Vladimir Cerrón, atemoriza a un sector de la población que, en una posible aplicación de esas disposiciones, nos convirtamos en una Cuba o Venezuela. Voz que se ha escuchado desde el otro lado y que es el principal móvil de las manifestaciones de la oposición.

La promesa del cambio de la Constitución, es algo que también asusta a muchos, al casi 50% que no votó por Castillo, porque consideran que no es momento de hacerlo, ya que nos encontramos sumidos en una crisis sanitaria que merece la mayor de las atenciones.

Esto se podría ver más adelante en un contexto diferente (en una mayor estabilidad para el país); o en caso contrario, no hacer un cambio radical de ella, sino reformas como lo aconsejó el presidente Sagasti. Ya que el hecho de que la constitución vigente haya sido producto del gobierno dictador de “Fujimori”, para los que lo consideren así, no significa que todo lo que esté allí suscrito esté mal, hay puntos que pueden ser rescatables.

Cambiar de raíz algo, empezar desde cero; una nueva constitución, por ejemplo, tiene que ser avalado por una cantidad considerable de peruanos, que realmente estén de acuerdo, en que ello se realice. Y donde esa nueva Carta Magna no atropelle los derechos fundamentales, entre ellos, la de libertad de expresión.

Oposición siempre habrá, la tarea de todo el que tenga cargo o poder en el estado es saber lidiar con ella. Que la suma de sus esfuerzos se enfoque en las necesidades de la población que los ha escogido.

Por otra parte, la desconfianza hacia la asunción de mando del proclamado Pedro Castillo, es que personas como Bermejo hayan conseguido curul en el nuevo congreso. Es sabido por la población que él tiene denuncias e investigaciones por lazos con el terrorismo.

Su alineada ideología al partido Perú Libre, pone en aprietos a Castillo, cuando trata de deslindar de Cerrón o dar a entender que este último no tendrá injerencia en las decisiones del gobierno; siempre está ahí, como sombra, atribuyendo la victoria al Partido y que el gobierno se debe a la ideología del mismo.

Lo único que ello genera es más desestabilidad y división en el país. Lo último que necesitamos ad portas a la conmemoración del Bicentenario.

Hacia el futuro

Si bien es cierto, ahora tenemos ya a un presidente proclamado, pues el panorama a su juramentación no es el más empático que esperamos. Aún se siente la división, la disconformidad por una parte de la población que reclama nuevas elecciones: algunos una “nueva segunda vuelta”; otros, una “elección desde cero”, donde no se incluyan a partidos que estén ligados a la corrupción.

En fin, muchas voces hay de por medio. Pero lo que sí se puede rescatar, es que hay un 50.125% de peruanos que dieron su voto por Castillo, que confían en él y que cumplirá todo lo que les prometió en campaña. Que velará por los más olvidados del país, por las comunidades más alejadas, que garanticen sus derechos y oportunidades en igualdad de condiciones como los que son de la ciudad de Lima. Que este 28 de julio, se empiece a escribir una nueva historia en el país, hacia el cambio real.

Un cambio, que valgan verdades, todo peruano sea de izquierda, centro o derecha; o simplemente un “ciudadano sin etiquetas”, pide a gritos desde hace muchos años. Donde la corrupción no siga haciendo de las suyas en cada gobierno que pase.

Solo se le pide al próximo presidente que no traicione las expectativas del pueblo que confió en él, que busque la forma de conciliar y unir a todos los peruanos, que piense bien el contexto en el que estamos si va a realizar alguna reforma como el cambio de Constitución, porque hay otras situaciones que realmente merecen la mayor de las atenciones. Por último, que recuerde que estaremos vigilantes en que no ostente privar el mayor de los derechos: “la libertad”.

 

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