fotografía-post-mortem 28Set

UN RETRATO PARA LA ETERNIDAD: POST MORTEM

¿Sabías que en nuestro país existió la tradición de fotografiar a los muertos como si estuviesen vivos? Aunque en la actualidad nos resulte un hecho ‘macabro’, fue real. La fotografía post mortem fue una tradición limeña que inició a mediados del siglo XIX y se fue perdiendo con el transcurrir de los años.

Esta extraña práctica consistía en fotografiar a los difuntos como si estuviesen vivos; los vestían elegante, los sentaban en sillones o los recostaban en un sofá con los ojos abiertos. Además, las fotos no siempre eran individuales, ya que los familiares, amigos o compañeros también participaban de ese último retrato junto al cadáver.

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Fotografía de Rafael Castillo – 1870. Niña muerta posa en brazos de su madre. (Foto: Perú.com)

¿Por qué las realizaban?

La tasa de mortalidad de mujeres y niños en esa época era alta por las malas condiciones sanitarias. Los menores fallecían por enfermedades -que hoy en día son fáciles de curar para la medicina- y las mujeres por complicaciones en los partos. No importaba el estrato económico, las muertes eran inevitables.

A partir de la necesidad de preservar la imagen viva de la persona amada, del hijo recién nacido o del pariente, era que muchas familias aristocráticas inmortalizaban el momento. Los padres sostenían a sus hijos muertos en brazos o los hijos a los padres.

Cabe señalar que la fotografía post mortem no era considerada morbosa, debido a que en aquel período se tenía una ideología social de la época del Romanticismo. Esta concebía la muerte como un privilegio, con un aire mucho más sentimental.

No nació en Perú

La tradición surge en 1839, poco después del daguerrotipo –la primera forma de hacer fotografía- en Francia, para luego extenderse rápidamente a otros países. En ese entonces, la intención era demostrar el estrato económico de la familia, ya que, no era sencillo realizar una fotografía por el alto precio del servicio fotográfico, de las cámaras y de la calidad artística.

Fotógrafos y retratos

Fue en 1844, con la llegada de P. Daviette a Lima, que el retrato post mortem toma vuelo. El francés se anunciaba como “artista fotogénico recién llegado de París” capaz de “retratar a los difuntos como cuadros al óleo”. El potencial de estas fotografías se hizo notar debido a que muy pocas familias podían pagar un retrato de sus difuntos hechos por un pintor.

Los fotógrafos más famosos que hubo en Lima son: Adolfo Dubreuil, Eugene Maunoury, Benjamín Franklin Pease, Eugenio Courret y Teófilo Castillo. Este último retrató en 1870 la imagen de una niña muerta. La pequeña parece dormir sobre las piernas de su padre, quien viste elegante y tiene rostro desencajado. Al lado, está la madre que mira al vacío.

Otro retrato fotográfico con una historia singular es la de un autor anónimo que aparece en el libro “El primer siglo de la fotografía. Perú 1842-1942”. Se trata de una fotografía post mortem de Estanislao Harvey Beausejour, hijo de Isabel Beausejour, que tuvo una escuela famosa en Lima. En el retrato, el niño se encuentra sentado en un sofá con los ojos abiertos y apoyado a un costado. Su madre conservó el retrato hasta el día de su muerte, pero fueron las generaciones posteriores que lo mantuvieron cubierto por décadas, pues lo consideraban macabro.

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Retrato del niño Eulogio Estanislao Harvey Beausejour -1850. (Foto: Perú.com)

¿Cuándo se dejó de lado esta práctica?

Con el paso de los años la fotografía dejó de ser exclusiva y se hizo cada vez más cotidiana. No solo registraba difuntos, sino momentos importantes de la vida.

Por otro lado, también fue con las llamadas “tarjetas de visita” que pasó de ser un objeto privado a convertirse en un objeto público. El primer caso fue del expresidente Miguel de San Román que falleció en 1863. Sus fotografías post mortem fueron vendidas en formato tarjeta de visita a los que estaban interesados. Estas eran un retrato en papel fotográfico de 54 x 89 mm montado sobre una tarjeta de 64 x 100 mm.

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Fotografías post-mortem del expresidente Miguel de San Román (Foto: Perú.com)

En nuestro país aún se halla una colección importante de imágenes de este tipo en la Biblioteca Nacional. Retratos que pueden seguir resultando perturbadores para algunos, pero que también nos muestran la tradición de una sociedad que anhelaba el recuerdo vivo de sus seres perdidos.

2 Comments

  • Brenda Auccasi
    29/10/2020

    Me alegra que haya sido de tu agrado, Jair. ¡Saludos!

  • Jair
    24/10/2020

    Excelente información

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