25Set

YA NO ERES EL MISMO, METROPOLITANO

Los robos o asaltos son el pan de cada día desde antes de iniciada la pandemia, sin embargo, han tomado mayor fuerza en los últimos meses por la coyuntura. Mientras no haya políticas firmes la inseguridad se va a descontrolar aún más.

Asalto. Joven es interceptada para el robo de su celular. Fuente: 24 horas

Redactado por: Marisela Rivera Medina

Atrás quedaron los tiempos en el que subirse al Metropolitano era símbolo de seguridad, al menos en lo que se refiere al transporte público; porque si bien es cierto se viaja como sardina en horas punta, pues era, hasta hace poco, la mejor manera de llegar seguro(a) a tu casa.

El Metropolitano era esa opción que podías tomar sino querías toparte con el terrible tráfico capitalino. Según el índice de la compañía Tomtom (2020), cuyo lema: “el mundo ha cambiado, el tráfico ha cambiado”, ubica al Perú en el decimoquinto lugar con más tráfico en el mundo, con un nivel de congestión del 42 %.

En otras palabras, el Perú obtiene un “sobresaliente” por no encontrar maneras de contrarrestar la congestión vehicular causada por la falta de inversión en proyectos de infraestructura vial y de transporte masivo de personas, así como, del informalismo en el transporte urbano. Una dura realidad, que hasta ahora no se prioriza en el estado, al parecer, porque los intereses de quienes lo empoderan van hacia otro lado. Cosa que muchos no estamos de acuerdo.

Un peruano promedio pasa entre 1 a 5 horas (a más) en la congestión vehicular; y si se expresara en períodos sería alrededor de 25 años de tu vida perdidos en ella- según Killa Miranda, asesora de la presidencia de la ATU.  Ante todo, esto, ¿quién nos devuelve el tiempo perdido?

En el servicio del Metropolitano, la Vía Expresa lo era todo. Las opciones troncales (los súper expresos) eran nuestros mejores aliados al tratar de llegar temprano a nuestros centros laborales o de estudios. O a la hora de salida, los paraderos eran los más seguros para distraernos después de una larga jornada.

Sacar un celular, utilizarlo para escuchar música, navegar por internet o ver nuestras series, era algo tan habitual que no se tenía que estar preocupado por si alguien te quisiera robar en cualquier hora del día.

Era ese momento, esa magia de la desconexión, a la que te sumías. Eras tú y tu aparato artificial en las manos.

El Metropolitano, nos acostumbró a tener una vida ordenada y autoeducarnos, en medio del desorden propio al subirte y estar entre la multitud dentro del bus.

Anécdotas hay muchas.

Entre ellas quedarte dormida- parada- después de un largo día y recibir la solidaridad de algunos tripulantes para que no te caigas en las frenadas (en especial, en las más abruptas). Aprender a utilizar los audífonos por el bien común y no incomodar al otro (saber valorar el espacio de los demás). Bastaba con un: “los audífonos, por favor”, para indicarle al joven que escuchaba reggaetón o la señora que ponía Gallina Pintadita a su niña que era mejor usarlos. ¡No hay mejor manera de educar, que con el ejemplo!

A dar asiento a los adultos mayores, embarazadas, entre otros; y si alguien se resistía se le hacía la reprimenda- y en conjunto- se hacía que se pare.

A pedir: permiso por favor, si quieres pasar hacia el fondo, y no andar tropezando a la gente- que luego valgan verdades- si alguien se resistía a hacerlo, tal cual tropel, recibían desde insultos, codazos, mochilazos, entre otras acciones. Pues, la voz del pueblo se respeta. Por algo no se dice que el hombre aprende en comunidad.

Y no menos importante, también, el hecho de gritar gol en diversos momentos (porque la velocidad de internet no era el mismo para todos, unos celebraban antes que otros). Y el hacer amigos fugaces por estas u otras situaciones queda entre las anécdotas más memorables.

En fin, el Metropolitano era, hasta hace poco, como un segundo hogar para muchos de nosotros que día a día nos transportábamos en él. He ahí, el por qué representaba esa seguridad.

Ahora, todo está cambiando. Las recientes noticias de robos constantes en las estaciones del Metropolitano y en los propios buses, en cualquier hora del día, asustando a la gente con armas punzo cortantes o armas de fuego, alteran ese respeto por el bien ajeno que se aprendió en el interior de esos viajes, y la tranquilidad de sus tripulantes se ha visto alterada. Los robos que mayormente eran noticias en los buses públicos, ahora se han trasladado a ese segundo hogar.

Esa paz efímera de un viaje de 2 horas-promedio- a casa, se ha reducido a nada. No sabes si en tu próximo viaje te toparás con algún delincuente que atente contra tus cosas que tanto te han costado conseguir o, en el peor de los casos, intente arrebatarte la vida si te resistieras a su terrible objetivo.

Una ruleta rusa, es la que viven muchos peruanos ahora. Y la inacción del gobierno es lo que más preocupa. En el mensaje presidencial del 28 de julio tras asumir el mandato, el nuevo gobierno del Perú, prometió en 72 horas hacer que muchos extranjeros que hayan venido a delinquir retornen a sus países y hasta ahora nada. Todo ha quedado en palabras.

Es verdad, que no solo los extranjeros roban también lo hacen muchos peruanos; pero ni siquiera lo que prometió al principio de su mandato lo ha cumplido. No se toman medidas firmes contra la delincuencia. ¿No hay autoridad en el país?

No es por nada, pero ya no se quieren discursos por parte del gobierno, sino acciones concretas. Que se tome en serio la seguridad de sus ciudadanos. Ya es hora señor presidente, que se haga notar su potestad, que no todo se quede en sermones de gira, sino que se haga realidad. Para no seguir repitiendo, ni un minuto más: Ya no eres el mismo, Metropolitano.

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